4.12.06

Artemisa

Por Laura Morandini Artemisa, también conocida como Diana, Cinthia, Phoebe, Selene, es Hija de Leto y Zeus y hermana gemela de Apolo. El mito de origen narra que Hera, al descubrir la infidelidad de su esposo Zeus ordenó a la serpiente Pitón perseguir a Leto, decretando que no diera a luz en ningún lugar donde brillara el sol. Leto, después de huir, llegó a la región de Ortigia, y en la isla de Delos dio a luz a Artemisa, sin dolor. Recién nacida, Artemisa asistió en el nacimiento de su hermano Apolo tras nueve días de intenso trabajo de parto.
Originariamente el nombre Selene correspondía a la personificación Divina de la Luna cuyo significado era meramente el de la órbita de la noche, mientras que la otra faceta correspondía a la expresión de todas las funciones ejercitadas por la Luna en la vida terrena, donde Artemisa era conocida como la Diosa de la Caza. En las reproducciones artísticas la diosa está representada como una bella joven, vestida con un corto traje, armada con un arco y un carcaj colmado de flechas. En Grecia era conocida como la Doncella del Arco de Plata, simbolizando tanto la luna nueva como la virginidad. Se le asocian los animales salvajes: perros, ciervos, lobos y osos. En su aspecto Lunar se decía que cada atardecer, tan pronto como su hermano Apolo -El Sol- finalizaba el recorrido de su curso diario, Artemisa montaba en su carro de Luna y lo manejaba a través del firmamento acompañada por el brillo de las estrellas.
Cuando Artemisa fue introducida en el Monte Olimpo, muchos Dioses expresaron el deseo de desposarla, pero ella se negó a escuchar sus propuestas y pidió permiso a su padre para permanecer soltera -virgen- toda su vida. Su solicitud fue tan hábil que Zeus se vio forzado a complacerla.
Por otro lado, su madre Leto, afirmaba orgullosa de forma categórica que no existían sobre la tierra hijos como los suyos, ya que sobresalían en inteligencia, belleza y poder....

La Historia de Níobe

La hija de Tántalo, Níobe, al oír tal afirmación rió en burla, ya que ella era madre de 12 hijos (6 varones y 6 hembras), y herida en su orgullo, llamó a Leto y la retó, ya que ésta contaba sólo con dos hijos. Níobe fue aún más lejos, y olvidando el origen Divino de los gemelos dio ordenes para que todas las estatuas que representaran a Apolo y Artemisa fueran bajadas de su pedestal y destruidas. Ofendida por este insulto, Leto llamó a sus hijos y les contó lo sucedido. Armados con sus arcos, los gemelos salieron a realizar su misión y Apolo encontrando a los 6 hijos de Níobe los mató con sus flechas infalibles.
Con toda celeridad la noticia llegó a Níobe quien al oír sobre la muerte de sus 6 hijos cayó en profundo duelo y desesperación, pensando que su cuota de sufrimiento estaba copada. Fue entonces que Artemisa inició la cacería de sus hijas: en vano las pobres jóvenes suplicaban poder escapar a las flechas que las alcanzaban mientras Níobe pedía protección para sus hijas, llamando de forma desesperada a los Dioses del Olimpo. A pesar de sus plegarias sus hijas cayeron una a una para no levantarse jamás, sólo la última logró llegar moribunda a los brazos de su madre donde murió en un abrazo apasionado. Sólo entonces, los Dioses movidos por la imagen de un dolor tan intenso transformaron a Níobe en piedra, y justo como yacía, la estatua fue colocada en el monte Sipylus, cercana a un río. Por esto se dice que el dolor continuo de Níobe fluye en las lágrimas del río.

La Historia de Endimión

Un atardecer, mientras manejaba silenciosamente su carro de Luna, Artemisa observó sobre una colina un hermoso joven con su cara iluminada por los rayos lunares. La Diosa permaneció cerca para observar su juventud y belleza, cuando de pronto sintió latir su corazón con algo más que admiración. Bajando suavemente de su carro, flotó a su lado y le dio un beso aéreo sobre los labios.
El joven Endimión, en medio del sueño y no tan conciente de esta demostración de afecto entreabrió sus ojos y sorprendido por la hermosa visión, logró que Artemisa en un sobresalto huyera rápidamente, permaneciendo en él una sensación de inextinguible pasión. Observó las estrellas y al ver la Luna que yacía cercana a él, tuvo la certeza que todo había sido un sueño, pero un sueño tan dulce que lo hizo mantenerse en el lugar esperando lo visitara nuevamente. Fue sólo a la noche siguiente que la escena se repitió y Endimión encontrándose en la misma posición que la noche anterior sintió que los rayos de la Luna con toda suavidad y dulzura se posaban sobre su rostro dormido.
Artemisa, guiada por su pasión, una noche dejó su carro por un instante y al tocar la cima de la montaña corrió hacia Endimión, uniéndose a él. Logró que Zeus le concediera un deseo y Endimión escogió poder dormir un sueño eterno, lo cual le fue concedido, por lo que permaneció eternamente joven. Entonces Artemisa lo llevó fuera del Monte Latmo donde lo colocó en una cueva a ella sagrada y nunca profanada por la mirada de los mortales. Otra versión del mito narra que Artemisa, al no poder soportar que la belleza del joven se desgastara por el paso del tiempo lo indujo a un sueño eterno.
Es así que cada noche la Diosa hace una pausa para dar un beso suave a su joven amante oculto.

La Historia de Orión

Endimión no fue el único mortal amado por Artemisa, los relatos describen que sus afectos fueron también dedicados a un joven cazador de nombre Orión quien pasaba todo el día en el bosque con su fiel perro Sirio a sus pies.
Un día, en las densas sombras del bosque encontró a un grupo de ninfas fieles a Artemisa: las 7 Pléyades hijas de Atlas. El corazón de Orión ardió al solo pensar en acercarse a ellas, sin embargo al intentar hacerlo, las ninfas huyeron. Orión las persiguió afanosamente ya que temía no volverlas a ver, y estas, tras acelerar el paso y sintiendo que le faltaban las fuerzas pidieron ayuda a su patrona. Sus plegarias fueron escuchadas de inmediato y justo cuando Orión estaba por alcanzarlas, siete palomas blancas alzaron vuelo y posteriormente se convirtieron en fueron colocadas en el firmamento como 7 pequeñas estrellas.
Orión fue consolado rápidamente por el amor de Merope, hija de Oenopión (Rey de Chios) quien consintió la unión con la condición que su futuro yerno ganase a la novia con un acto heroico. Ya que Orión no se caracterizaba por su paciencia, no supo esperar y decidió raptar a su futura esposa. Sin embargo el plan fue frustrado por la previsión del Rey, por lo que Orión fue castigado con la pérdida no sólo de su esposa sino también de la vista.
Ciego, solo y sin ayuda, ahora rondaba de un lugar a otro esperando encontrar alguien que le devolviera la vista. Finalmente llegó a la cueva de los Cíclopes y, al despertar compasión de los gigantes, uno de ellos lo condujo hasta el Sol, de cuyos rayos tomó prestada un poco de luz. Feliz una vez más volvió a su actividad favorita: la caza. Artemisa lo encontró en el bosque y siguiendo sus pasos pronto se enamoró de él, pero este amor no fue aprobado por Apolo (nada se oculta bajo el Sol) quien decidió poner fin al enamoramiento de su hermana.
Fue así que Apolo, intentando no levantar sospechas inició una conversación con Artemisa sobre cacería y arquería y, bajo el pretexto de probar sus habilidades como “mujer de tiro al blanco” la retó a disparar a un punto oscuro que sobresalía y se perdía en el horizonte, lejos, en el mar.
Artemisa armó su arco, apuntó su flecha y la mandó con tal fuerza y puntería que tocó el blanco y observó orgullosa como se desvanecía entre las olas sin sospechar que era la cabeza de Orión quien tomando un baño fue dado a Artemisa como blanco. Al descubrir su error, lloró su pérdida con grandes lágrimas y juró no olvidarlo, por lo que lo colocó junto a su fiel perro Sirio como constelación en el cielo.

La Historia de Acteón

Al concluir su viaje nocturno en el carro Lunar, Artemisa toma sus armas y atendida por sus ninfas sale a cazar las bestias más salvajes del bosque. Un verano, al atardecer, después de una larga e inusual cacería, la Diosa y sus seguidoras llegaron a la cima de una montaña donde los pequeños arroyos y piscinas servían para tomar un baño. Artemisa y las ninfas al quitarse sus ropajes se dedicaron a refrescarse, sin sospechar que ese día no eran las únicas que andaban de cacería.
Acteón, cazador en búsqueda de venados, se encontraba sediento, por lo que decidió ir hacia el río. Ya cerca, al escuchar risas y movido por la curiosidad, apartó silenciosamente las ramas de los arbustos y tuvo ante sí la visión de Artemisa y sus ninfas. El agudo oído de Artemisa la hizo voltear al instante y, al constatar que había sido descubierta en su intimidad tomó un poco de agua sobre la palma de su mano y la lanzó en la cara de Acteón. Acto seguido lo convirtió en un ciervo que, por más que trató de huir, fue destrozado por su propia jauría de perros.

Aspectos Psicológicos

A partir del mito de origen y de las diversas historias y relaciones de Artemisa, se derivan significados y aspectos psicológicos que muestran la manera de “estar en el mundo” de las mujeres que encarnan este arquetipo.
Los argumentos de Artemisa están centrados en tres temas fundamentales: seguir la historia personal sin interferencias, la búsqueda del centro unificador interior y el fortalecimiento de la propia individualidad.
Artemisa representa el espíritu femenino independiente y libre, su virginidad no es puramente sexual, sino una metáfora para expresar la necesidad de resguardar su espacio psíquico en un intento de permanecer fiel a sí misma y responder a su verdadera naturaleza. No necesita de opiniones ajenas para la toma de decisiones, ni se deja intimidar por los condicionamientos sociales: ella se basta a sí misma. Esta característica le ofrece la cualidad de poseer una visión clara del curso de su vida, ya que sus decisiones y acciones están guiadas por la intuición. (Diosa Lunar).
El nacimiento junto a su hermano la coloca en una posición de Diosa fraternal; y la ayuda a su madre en el nacimiento de Apolo le da la cualidad lunar de “protectora de las parturientas”.
Los regalos que la niña Artemisa solicita a su padre Zeus con tanta seguridad le proporcionan la materia prima del trabajo que desarrollará posteriormente: el arco en forma de media luna y las flechas le permitirán ser certera en cacería, es decir, en la manera de dirigir su energía y plasmar sus deseos. Las tierras de la Arcadia entregadas por su padre donde poder cazar le darán la libertad de movimiento necesaria para poder expresarse. De aquí se deduce la necesidad de Artemisa de desplazarse y no sentir las ataduras psicológicas de una pareja, un amante, un amigo.
Artemisa, con su don de traer luz, es la parturienta de quienes le rodean: ayuda a los demás a diferenciar y discriminar los asuntos importantes de los triviales. Para Artemisa casi todo “es evidente y claro”, no así para quienes le rodean, que muchas veces no comprenden sus motivaciones a la hora de actuar. Donde otros se pierden en la oscuridad del bosque, Artemisa guiada por el instinto -representado por su jauría de sabuesos- sabe lo que busca. Cada olor y movimiento son claves para alcanzar su presa/objetivo. Es el dominio de la “lógica inconsciente” que la lleva por el camino correcto.
Artemisa exige de sus compañeras la misma castidad que ella practica, y si por alguna razón llegaran a faltar a este principio las eliminaría; como hizo con la ninfa Calisto al descubrir que estaba encinta. Este aspecto expresa la necesidad de Artemisa de mantenerse fiel a sus principios y de ser congruente con lo que profesa. Una mujer Artemisa es difícil que falte a su palabra y exige lo mismo de quienes le rodean.
Desde el punto de vista evolutivo, así como lo narra el mito, una niña Artemisal necesita poseer unos padres que aprueben sus escogencias y la apoyen otorgándole los dones que la ayudarán a desarrollarse como ser independiente. Necesita sentirse libre y protegida más no sofocada por los cuidados de unos padres preocupados y ansiosos, esto coartaría su autoconfianza y la conexión íntima que guarda consigo misma. Muy probablemente Artemisa no se ajustará a los roles sociales esperados por una mujer: esposa y madre. El matrimonio y la maternidad no suelen estar dentro de sus metas, lo que no significa que las descarte y, en el caso que decida compartir su vida con una pareja, la relación estará basada en la igualdad y el compañerismo.
Pero, ¿qué nos cuenta el mito sobre sus relaciones? A Endimión le amó de forma apasionada, a Orión le mató por irreflexión y a Acteón por venganza. Pero su condición relacional básica es fraternal, como la que establece con su hermano Apolo. Cuando a Artemisa se le acerca un hombre no permite que los avances sean demasiado rudos y evidentes, desechará a aquel que intente imponerse y en caso extremo le castigará siendo destructiva. Si ella ama a alguien será espontánea, -como con Endymión- necesitará compartir principalmente intereses intelectuales, donde será el compañerismo más que la sexualidad lo que juegue un rol primordial en el funcionamiento de la relación.
El hombre con el que Artemisa comparta su vida deberá comprender que ella necesita sus espacios para poder sentirse completa, que no tolera imposiciones, ni desea estar sobreprotegida por un “hombre macho” que la represente: ella se representa a sí misma. La relación estará fundamentada en el respeto mutuo, con el peligro que Artemisa se exceda en querer competir y ganar, matando así la posibilidad de crecer en pareja: recordemos a Orión, a quien mató por impulsividad y la necesidad de ser la ganadora en la competencia con Apolo. Este mito expresa además que en ella prevalece el aspecto fraterno en sus relaciones (Apolo) que no la deja entregarse por completo como mujer.
En su relación con las mujeres, sí como con las ninfas, en Artemisa prevalece el aspecto del compañerismo y la amistad. Con ellas comparte acontecimientos significativos de su existencia y estará siempre presente para defenderlas. En su expresión extrema puede mostrarse como grupos feministas que intentan competir y anular al hombre olvidando las diferencias naturales entre los sexos.
Artemisa defiende con la fuerza del fuego la feminidad pero también debe recordar que la naturaleza de lo femenino es acuática, receptiva, pasiva, intima, indirecta, moderada, misteriosa....