28.7.08

La Casa II



El hombre se aproxima con su obra a la gratificación de sus deseos
S. Freud.


El sector de la Casa II está asociado al signo de Tauro y al planeta Venus. Tradicionalmente los temas de esta Casa describen cómo se maneja el individuo en relación al dinero y a las posesiones. Sin embargo este sector encierra muchos otros significados.

Podemos afirmar que es la más “concreta” de las Casas astrológicas. Aquí, la conciencia se encuentra enfocada en la producción y acumulación de bienes, dinero, objetos, cosas. El trabajo es sobre lo físico, lo evidente, lo inmediato.
El dinero de la Casa II es producto de lo que el individuo es capaz de producir por si mismo, sin ayuda de terceros. Es además el dinero líquido, aquel que nuestros ancestros guardaban “bajo el colchón”: símbolo de la conciencia de ahorro y conducta racional como protección frente a los imprevistos.

En este sector podemos entender cómo es nuestra actitud frente al dinero y a los recursos materiales, cómo los manejamos, si somos capaces de producir, de guardar, de compartir y de multiplicar nuestros bienes y en consecuencia, nuestra sensación de seguridad. Los peligros de esta casa se originan en el extremo apego a la materia, siendo desmesurada la ambición que deriva en avaricia. Las virtudes de esta casa se asocian a la sencillez (ser feliz con lo necesario) y a la generosidad.





Desde la interpretación karmica, los planetas/signos que se encuentren ubicados en la casa II indicarán el tipo de actitud heredada frente al dinero y las posesiones así como las pruebas asociadas.
Júpiter mostrará una actitud de despreocupación y optimismo, pensando que siempre existen forma de encontrar abundancia. Generoso, piensa en grande siendo su lema “tanto tienes, tanto vales” Mucho gana, mucho gasta. La prueba es sobre el despilfarro y la valoración de los demás por lo que tienen.

Para Saturno todo lo obtenido será producto del esfuerzo y de un trabajo lento, metódico y pausado, con el tiempo verá recompensado su esfuerzo en estabilidad. Deberá aprender a estructurarse económicamente y así vencer sus temores ligados a la desposesión material. Ahorrativo, austero, no se da demasiados gustos y prefiere limitarse en los gastos.

Urano, impredecible. Diversifica y se reinventa para ganar dinero. No se apega al mismo pero sabe que este puede proporcionarle libertad para hacer aquello que realmente desea. El dinero es la herramienta, no un fin en sí mismo. Hoy tiene, mañana… quien sabe.

Neptuno muestra tendencia al desprendimiento, tal vez por la incapacidad de comprender el mundo material. Constante sensación de arena movediza. Difícil para este planeta sublime comprender la naturaleza de esta Casa.


Para Plutón el dinero y los bienes son poder, a través del mismo siente que puede lograr lo que quiere, es dominio y manipulación. Cambios importantes en la vida económica, intensos y determinantes.

En un sentido más psicológico, la casa II es la casa que sustenta la existencia. Si con el Ascendente tenemos la entrada del alma a la vida y su hábitat en el cuerpo físico, en la casa II encontramos el mantenimiento de la vida misma. Ahora el alma necesita acoplarse al cuerpo y el medio que dispone es su sensorialidad. A través de sus sentidos puede explorar el mundo, explorarse, conocerse, saber quién es.


Sigmund Freud a través de su teoría pansensualista ( y no pansexualista como equivocadamente se cree) describió el proceso de crecimiento y formación del Yo a través de la exploración corporal y el descubrimiento de las zonas de placer. El cuerpo como herramienta de adaptación a la vida y generador de angustia y/o gratificación (sensaciones de hambre, sueño, dolor, etc). Por eso la casa II también representa a la capacidad de autogratificación en el plano físico, es decir, la masturbación. El Yo aún no conoce de vínculos en esta Casa, por eso se vincula consigo mismo.

Los personajes de la Casa II son todos aquellos que son “dueños”, es decir quienes han logrado poseer un bien producto de sus propios medios. Podemos afirmar que esta Casa representa a la propiedad privada, la necesidad visceral humana de poseer. Esto nuevamente nos remite a los primeros años de vida cuando un niño pequeño dice “mío”. Pero… no somos niños, ¿será que debemos desarrollar cualidades más maduras y salir de las vivencias básicas y autocentradas que nos separan de los demás?

Estamos apenas en la Casa II, empezando la rueda zodiacal. El Yo comienza su formación, aprendiendo a estar en el mundo a través de vivencias básicas, de supervivencia, por lo que sencillamente no puede ver “más allá”. En muchas esferas de la vida somos tan básicos! La Casa II nos recuerda lo elementales que podemos ser. Tenemos aún diez Casas por explorar, donde se espera que la conciencia se expanda progresivamente hacia una comprensión trascendente.

No podemos negar –ni debemos- nuestra corporeidad y nuestra naturaleza básica sensorial, pero sí podemos pasar a través de ella, disfrutarla, conocerla, darle el espacio que se merece sin dejar que se posesione de todo nuestro ser.

23.7.08

La Casa I: El Ascendente



El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible. Todo nacimiento es una aparición.


Amado Nervo (1870-1919)
Poeta, novelista y ensayista mexicano.




La casa I es lo que conocemos como Ascendente. Su nombre hace referencia al signo que se encuentra ascendiendo al Este para al momento del nacimiento. En la rueda zodiacal está asociada al signo de Aries y al planeta Marte. Se dice que es la casa del Yo y marca el punto de entrada del alma en el plano físico, quedando sellada al cuerpo con el primer hálito de vida.

Por su analogía con el planeta Marte, indica el momento de separación física de la madre, ese instante en que nos convertimos en individuos y comenzamos a vivir nuestro programa de vida. Ya no estamos contenidos en el útero materno, ahora debemos ser capaces de respirar por nuestros propios medios. Es justamente el primer respiro el que nos conecta con la vida terrestre y permite que las energías del plano astral empiecen a fluir por nuestros vórtices energéticos o chakras. De esta manera se establece la conexión energética del individuo con el cosmos, siendo los chakras los canales de interacción con las energías planetarias.

Sin duda el Ascendente representa un momento de transición, un punto atemporal ente inconsciente y conciente, entre la vivencia intrauterina y el mundo externo. Si hay planetas muy cercanos al Ascendente nos pueden dar información sobre el momento del nacimiento: si fue un parto complicado donde estuvo en peligro la vida del nativo (Plutón), si fue rápido sin complicaciones (Júpiter), lento (Saturno), atípico (Urano).

El Ascendente asociado al momento del nacimiento, al gran comienzo, indica la manera como tendemos a afrontar las situaciones nuevas de la vida, los cambios. Es la forma como enfrentamos la vida misma, como percibimos la existencia. En cierta forma puede asociarse al arquetipo de la Iniciación. Júpiter en la Casa I nos llenará de entusiasmo y optimismo, tal vez nos haga esperar demasiado de las situaciones y ser exagerados en nuestras percepciones. Saturno puede hacer que tengamos miedo al cambio y mostremos la tendencia a la soledad como forma de defensa frente a la incertidumbre de lo nuevo.

La Casa I es un punto de evolución en el tema natal, como casa angular es un sector de gran intensidad energética donde podemos tener mayor control sobre nuestro destino, ya que en esta casa nos hacemos concientes de nuestra identidad y del poder personal frente a la vida. Si hay planetas en la Casa I, estos mostrarán su influencia amplificada hacia el resto de la carta. Así como los planetas posicionados en el horizonte muestran un mayor tamaño (debido a un fenómeno perceptivo), aquellos que se encuentren en el Ascendente irradiarán su energía con mayor intensidad.

Para los antiguos, la Casa I marcaba el temperamento, es decir las características constitucionales dadas por lo biológico, determinando la morfología corporal y ciertas características psicológicas asociadas. La teoría de Hipócrates sobre los 4 humores puede ser una forma de aproximación a esta comprensión y servir de analogía con los cuatro elementos y las cuatro funciones de la conciencia propuestas por C. G.Jung.

Dentro de la tradición astrológica el Ascendente dota a las personas de ciertas señas físicas asociadas al signo que allí se encuentra. Un ascendente Escorpio tendrá la nariz aguileña y mirada profunda, un geminiano no podrá mantenerse tranquilo durante mucho tiempo, el Sagitariano tenderá al sobrepeso. Sin embargo sabemos que estas generalizaciones rayan en la simplificación y no permiten tener una visión holista e integrada del individuo.

Otro punto de análisis de la casa I está relacionado a la imagen corporal, la auto percepción, la forma como percibimos nuestro cuerpo y en consecuencia cómo nos proyectamos al mundo externo. Es por este motivo que tradicionalmente se suele afirmar que la Casa I es “cómo nos ven los demás” siendo en realidad consecuencia de nuestra proyección personal hacia el exterior.

La Casa I es un punto fundamental a la hora de interpretar un tema natal.
Debemos corroborar la hora de nacimiento con el consultante ya que esta es el punto de partida para el análisis de las casas y de la carta en general.
Tomaremos en cuenta el planeta regente del ascendente y los planetas que en ella se encuentren, así como otros planetas que hagan aspectos al Ascendente.

El Ascendente completa el cuaternario microcósmico: El Sol es el Fuego, La Luna el Agua, Mercurio el Aire y el Ascendente la Tierra, él representa el plano físico, que nos hace partícipe de la realidad terrestre.