20.2.07

Signo del Mes: Piscis

Por Laura Morandini






Misión: Renunciar a sus necesidades personales por el bien colectivo.

Planeta regente: Neptuno.

Neptuno se descubrió en el año 1846. Aunque, gracias a cálculos matemáticos, ya su existencia se sospechaba con anterioridad, “encontrarlo” en el sistema solar no fue tarea fácil. Neptuno es una energía de sensibilidad, intuición e inspiración. Se le asocia al mundo onírico, las fantasías y los ensueños: hadas, gnomos, duendes, sirenas y seres mitológicos pertenecen a la esfera de Neptuno.
Una forma positiva de expresión de este planeta es sentir que los milagros son posibles, creer sin necesidad de comprobar. Representa la Fe. Sin embargo, también se relaciona con los engaños, las traiciones y la confusión. Todo esto se debe a que Neptuno es una energía que nos mantiene alejados de la realidad concreta porque su función es disolver las estructuras para dar paso a un nuevo estado de conciencia donde se hayan integrado las energías sutiles, la sensibilidad y la intuición.

Imágenes míticas: Los mitos que muestran personajes que han sido despojados de su identidad o destruidos y desmembrados cuentan la historia de Piscis. En la mitología griega es Dionisos, dios errante, del vino y el éxtasis, quien después de ser desmembrado vuelve a la vida y le es otorgado un lugar entre los dioses del Olimpo.
En la mitología egipcia, Osiris, traicionado por su hermano Set, es encerrado y lanzado en un ataúd al río Nilo, pero éste llega de forma mágica hasta la orilla donde crece un árbol y allí queda escondido. Al encontrarlo, Set toma el cuerpo de su hermano y lo descuartiza en 14 pedazos que esparce por todo Egipto. Isis logra recomponer el cuerpo de su amado y engendran a Horus, futuro rey.

Dinámica: El signo de Piscis marca el final de un ciclo de 12 experiencias de crecimiento. En este cierre de ciclo hay un abandono total del Ego y el aprendizaje está centrado en el sacrificio por un colectivo. En la medida que Piscis no asuma la entrega y la fe en una voluntad superior sentirá que su vida es confusa y caótica. Deberá aprender a fluir con la vida leyendo las señales escondidas en las imágenes internas y la realidad externa.
Su cualidad principal es la sensibilidad, que bien utilizada le permite conectar con el lado sutil de la experiencia, percibiendo aquello que otros no pueden ver. De esta manera es capaz de traer a la realidad datos de otros mundos. Encontramos así al artista, al médium, al sacerdote, al sanador, siempre al servicio de un colectivo.
Sin embargo la energía Pisciana mal vivida genera personalidades extremadamente sensibles que pueden perderse en el alcohol, las drogas y otros tipos de dependencias y vicios; medios de evasión para evitar el sufrimiento, la soledad y el vacío existencial que les genera una vida sin Dios. Piscis necesita perderse para poder reencontrar el camino que lo conecta con lo Divino, y así sentir que vuelve a casa.

Signo Opuesto: Virgo, con su mentalidad racional y empírica, ayuda a Piscis a colocar los pies sobre la tierra, a llevar a la práctica aquello que ha experimentado a través de la intuición y la inspiración. El sentido de discriminación de Virgo es la cualidad que tanto necesita Piscis cuando se siente confundido.

Piedra: Amatista. Ametis, era una ninfa que despertó la pasión de Dionisios. Cuando el Dios estaba a punto de poseerla la ninfa pidió a Artemisa que la salvara. Escuchada su plegaria, al atrapar a Ametis, Dionisos encontró entre sus manos una joya. Fue así que dio a la piedra el color purpúreo del vino y la propiedad que la joya evitara los efectos del alcohol y mantuviera la pureza y castidad de su portador. Precisamente debido a esta leyenda, el nombre de la Amatista significa: “sin embriaguez”. Se dice que posee el poder mágico de absorber el alcohol del torrente sanguíneo, por lo tanto quien lleve consigo una Amatista se encontrará inmune a los efectos de la bebida. Se le conoce también como la piedra del obispo, piedra caritativa, de la paz y de la curación.



Planta: Loto. El Loto se ha venerado en Oriente como símbolo místico de la vida y planta espiritual. De hecho los Chakras o centros de energía están representados con los pétalos de la flor de Loto. Los antiguos egipcios la consideraban planta sagrada y la utilizaban como ofrenda para los dioses.

9.2.07

Jung: Entre la Alquimia y el Chamanismo

Por Laura Morandini & Ariell Chris

Confrontación con el Inconsciente como Prueba Iniciática




El hombre en su necesidad constante de progreso y avance tecnológico, con el pasar del tiempo ha ido poco a poco despreciando la forma de pensamiento simbólico y mítico, considerándolo como mera fantasía de los pueblos primitivos así como contraproducentes para su evolución.
Las culturas de los pueblos antiguos (Babilonios, Egipcios, Mayas, entre otros) desarrollaron un complejo sistema de pensamiento abstracto/sagrado siendo la Qabalah, la Alquimia, la Astrología y El Tarot manifestaciones que llegaron hasta nosotros, pero que aún son consideradas por los profanos puras supersticiones. Este conocimiento universal se expresa fundamentalmente a través de símbolos que los iniciados están obligados a dominar ya que las imágenes míticas otorgan la posibilidad de conexión con el sendero sagrado y la memoria de la naturaleza, lo cual resulta totalmente inaccesible por medio del pensamiento lógico.

Dentro de la historia de la Psicología, fue C. G. Jung quien recuperó estos conocimientos herméticos y traduciéndolos a un lenguaje psicológico, logró introducirlos en la cultura occidental moderna, revalorizándolos. Su misión estuvo encaminada en comprender las manifestaciones del inconsciente: sueños, fantasías, visiones, alucinaciones, que apareciendo de forma aparentemente confusa, inconexa y caótica debían encerrar un significado y un sentido.
Es por esto que ante las imágenes que proporciona el mundo oscuro se podrían tomar dos actitudes básicas: o dejarlas pasar de largo –lo que significa que a la larga se seguirán presentando cada vez con mayor fuerza y hasta bajo forma de síntoma físico- o asumir el compromiso de trabajar con el material que presentan e intentar darle un sentido y significado personal para integrarlo a la conciencia. Fue esta la elección de Jung, quien, a partir de su propia experiencia arquetípica tejió su teoría, amplificándola a través de los años mientras recorría y vivía su mito personal. Sin saberlo, Jung era guiado por fuerzas invisibles a cumplir un rol chamánico.



En las tribus animistas, el sacerdote llamado chamán era quien poseía la llave para penetrar en el mundo de los espíritus y así ser mediador entre la voluntad de los Dioses y los hombres. Su rol de historiador, sanador, sabio consejero y jefe espiritual no le era otorgado al azar. El candidato a Chamán era identificado por determinadas señales que iba mostrando a lo largo de su niñez y pubertad, que consistían en síntomas físicos y psíquicos particulares: aislamiento, convulsiones, visiones terroríficas, enfermedades físicas desconocidas, lenguaje incoherente, etc. Hacia los 15 años se aislaba al candidato en una gruta y se lo sometía a una rigurosa iniciación, la cual consistía en someterlo a pruebas que implicaban la confrontación con el mundo de los espíritus elementales de la naturaleza. En esta lucha cruenta si el candidato salía victorioso los elementales lo servían como aliados e intermediarios con otros espíritus dotándolo de poderes sanadores, del don para interpretar sueños, la capacidad para viajar en tiempo y espacio, la magia para adoptar formas animales diversas y el conocimiento curador de las hierbas. Si fracasaba en la prueba, sería vencido por estas mismas fuerzas bajo forma de muerte o enfermedad, locura y sufrimiento constante. Hay que recalcar que este mismo resultado era la consecuencia de rechazar la experiencia iniciática por temor.

En su autobiografía Recuerdos, Sueños y Pensamientos, Jung describe esta misma experiencia a través de la que entra en contacto con los contenidos de sus sueños y visiones, la oscuridad y riqueza de su psique y el enfrentamiento con sus dudas y temores, debido a las imágenes que el inconsciente le proporcionó durante los años 1912-1920. Fueron para Jung "la materia prima de un trabajo que duró toda la vida". Necesitaba hallar la respuesta a las inquietudes que las teorías y los dogmas no habían podido ofrecerle.

Después de la ruptura con Freud, para Jung comenzó un período de confusión, se daba cuenta que no poseía un marco de referencia teórico en el cual basarse, por lo que asumió una actitud de tipo "vivencial". Trabajaba con sus pacientes sin seguir reglas preestablecidas y trataba de ayudarlos a entender las imágenes oníricas que éstos le proporcionaban a través de la intuición y su propio trabajo personal de introspección. Sentía que podía obtener ayuda de la mitología para acceder al mundo del inconsciente, sin embargo ésta no le ofrecía mayores respuestas ya que aún no había logrado descifrar su propio mito.

En un sueño de 1912 Jung entra en contacto con imágenes relacionadas con muertos y con la leyenda alquímica de Hermes Trimegisto, intenta dar significado al sueño, pero se da por vencido pensando que lo mejor es "seguir viviendo", tratando de prestar atención a las fantasías e imágenes que se presentarían. Otro sueño en cuyo contenido aparecían tumbas de muertos que volvían a la vida a medida que Jung los observaba, le sugería la existencia de restos arcaicos inconscientes que cobran vida a través de la psique; este contenido le sirvió posteriormente para formular su teoría sobre los arquetipos.

Todo este material simbólico aportado por los sueños Jung no lograba comprenderlo y vencer así el estado de desorientación, sentía una gran opresión interna y llegó a pensar que sufría algún tipo de trastorno psíquico. A través de una revisión de los acontecimientos concretos de su vida intentó encontrar alguna explicación a su confusión, pero siendo este camino también infructuoso, decidió entregarse por completo al mundo del inconsciente.

Lo primero que recordó fue un episodio de su infancia cuando solía construir casas y castillos con piedra y fango. Este recuerdo sirvió de conector con su parte más genuina y creativa, por lo que decidió revivir ese momento retomando esta actividad de "construcción". Empezó a crear una ciudad en la cual colocó una iglesia, pero notó que se resistía a colocar el altar. Un día, caminando cerca del lago, encontró una pequeña piedra piramidal de color rojo, y al verla comprendió que debía tratarse del altar. En el momento que la colocó en su sitio, volvió a su mente el recuerdo del falo subterráneo que había soñado de niño, y sintió un gran alivio. Parecía que el inconsciente lo estaba guiando a la comprensión de aquellas cosas que en el pasado no habían tenido respuesta.

A medida que realizaba esta actividad de construcción, sentía que sus pensamientos se aclaraban y que se encontraba en el camino adecuado para descubrir su propio mito. Desde este momento Jung afirma que a lo largo de su vida, en los momentos de oscuridad, recurría a la creatividad como una puerta de entrada a los pensamientos e ideas que quería desarrollar.

En el otoño de 1913, el sentimiento de opresión interna parecía cobrar vida externamente a través de hechos concretos. Se le comenzaron a presentar visiones repetitivas que profetizaban una gran catástrofe de tipo colectivo donde predominaban contenidos de muerte y acontecimientos de sangre, mientras que una voz interna le aseguraba que todo lo que percibía era cierto. Jung no lograba explicar estas visiones y llegó a pensar que estaba psicótico. Las visiones duraron casi un año, con intervalos de meses entre unas y otras; todas aludían al mismo contenido. En Agosto de 1914 comenzó la primera guerra mundial. En ese momento Jung comprendió que existía una conexión entre su experiencia personal y la colectiva, por lo que sintió la necesidad de explorar a fondo su propia psique y comenzó a anotar todas las fantasías que le llegaban en sus momentos de juego y construcción, cuando daba rienda suelta a su creatividad.

Comienza un período en el cual es invadido por toda clase de fantasías e imágenes, afirmaba sentirse indefenso ante este mundo difícil e incomprensible pero a la vez intuía la protección convencido de tener que obedecer a una "voluntad superior". Recurría a ejercicios de yoga para dominar sus emociones y encontrar calma para así sumergirse de nuevo en su enfrentamiento con el inconsciente. Traducía sus emociones en imágenes, en un intento por entenderlas y no ser poseído por ellas. Esta vivencia le sirvió de herramienta para el proceso terapéutico, es decir: no quedarse en la emoción sino llegar a las imágenes subyacentes.

Jung concebía este choque con el inconsciente como un experimento científico sobre sí mismo, donde las mayores dificultades radicaban en el dominio de sus sentimientos negativos así como en la incomprensión del material que surgía de su psique, lo que le producía resistencia, oposición y temor. Temía perder el control y ser poseído por los contenidos del inconsciente, pero al mismo tiempo sabía que no podía pretender que sus pacientes hicieran aquello que él no podía hacer consigo mismo. A pesar que consideraba una experiencia penosa someterse a esto, sentía que el destino se lo exigía. Obtenía las fuerzas para enfrentarse en esta lucha en la idea que no era sólo por su bien, sino por el de sus pacientes. Por otro lado, la familia y la actividad profesional fueron ingredientes indispensables para ayudar a Jung en todo este proceso. Ambas le recordaban que era un hombre común. El mundo real y cotidiano complementaba su extraño mundo interior y representaba la garantía de su normalidad. Jung afirma que esto marcó la diferencia entre él y Nietzsche, quien había perdido el contacto con la realidad y vivía sumergido en su mundo interno caótico.


Surgieron entonces dos imágenes importantes. La primera aludía a transformación, muerte y renacimiento, mientras que la segunda le sugería que debía dejar de identificarse con el héroe, aniquilar su actitud consciente y apartar la voluntad. Es decir, abandonar las demandas del Ego para poder acceder a la conciencia transpersonal.

En otra imagen encontraba a dos figuras bíblicas: Elías y Salomé - acompañadas por una serpiente negra- quienes afirmaban que pertenecían a la eternidad. Jung interpretó estas figuras como la personificación de Logos y Eros. Sin embargo sentía que esta era una explicación demasiado intelectual por lo que prefirió pensar que eran la manifestación de procesos profundos del inconsciente.

Posteriormente aparecería en sueño otra figura llamada por Jung "Filemón". Era un viejo con cuernos y alas de martín pescador, que llevaba consigo 4 llaves. Con él, Jung conversaba y Filemón le decía cosas que le eran desconocidas, le enseñó la "objetividad psíquica", lo que ayudó a Jung a distinguir entre sí mismo y los objetos de sus pensamientos. Para Jung esta imagen representaba una inteligencia superior, un gurú espiritual que le comunicaba pensamientos iluminados. Más tarde surgió la imagen de "Ka" quien representaba una especie de demonio de la tierra, un espíritu de la naturaleza, que en cierta medida complementaba la figura de Filemón.
Mientras Jung anotaba sus fantasías, se preguntaba qué era en realidad lo que estaba haciendo, ya que ciertamente no se trataba de ciencia. Una voz femenina que provenía de su interior -que Jung asociaba con la voz de una de sus pacientes- le respondió que "era arte". Él se oponía a pensar que fuera arte, sin embargo dejó fluir a esta "mujer interior", aunque se sentía asustado ante esta presencia desconocida. La llamó "anima", refiriéndose a la figura interna femenina arquetípica del hombre, mientras que el "animus" representaba la figura masculina. Describió los aspectos negativos del "anima" como seducción, astucia y ambigüedad pero con la cualidad de ser la mediadora entre la conciencia y el inconsciente. Jung afirma que durante años se sirvió de su "anima" para acceder a los contenidos de su inconsciente, mientras que en su vejez ya no recurría a ella porque lograba captar estos contenidos de forma directa.



A través de su "anima", Jung lograba establecer un diálogo con el inconsciente, acceder a los contenidos del mismo y disminuir la autonomía que ejercía sobre su persona. El poder que tenían las imágenes se volvió menos violento. Ya no había un asalto del inconsciente hacia la conciencia, sino que se establecía un intercambio dinámico creativo.

Estas fantasías Jung las escribió en el "Libro Negro" y posteriormente en el "Libro Rojo", en el cual se encuentran sus mandalas y las ilustraciones realizadas por él mismo. Sin embargo sentía que no lograba poner en palabras aquello que experimentaba, por lo que prefirió dedicarse en profundidad a la comprensión de las imágenes para así sacar conclusiones concretas de los mensajes que el inconsciente le sugería. Esta fue la tarea de su vida, ya que sentía una responsabilidad moral. Afirmaba que el hombre no puede limitarse a ver surgir las imágenes y sorprenderse ante ellas, debe comprenderlas porque de otro modo está condenado a vivir de forma incompleta. "Es grande la responsabilidad humana ante las imágenes del inconsciente".
En 1916 Jung experimenta una nueva visión: su alma volaba fuera de él, lo que interpretó como la posibilidad de conectarse con la tierra de los muertos, de los antepasados o del inconsciente colectivo. Poco después de esta visión percibía la presencia de espíritus que habitaban la casa -también sus hijos los percibían-, hasta que una tarde los espíritus tocaron el timbre gritando "Regresamos de Jerusalén, donde no encontramos aquello que buscábamos". Jung entonces escribe durante tres noches los "Septem Sermones ad Mortuos" y posteriormente los espíritus desaparecieron. Afirma que esta experiencia debía ser tomada por lo que fue: la manifestación externa de un estado emotivo favorable a la aparición de fenómenos parapsicológicos. La evasión de su alma lo había conectado con los espíritus. Estos escritos, que son diálogos con los muertos, Jung los considera una preparación de aquello que debía comunicar al mundo acerca del inconsciente y sus contenidos.

En este período Jung se encuentra frente a una encrucijada: o seguir aquello que le dictaba su mundo interno, o continuar con su profesión académica. Consideraba que no podía seguir enseñando a los estudiantes cuando en su interior había sólo dudas. Decide entonces dejar su puesto como docente en la universidad porque "sentía que me estaba ocurriendo algo grandioso", y él necesitaba descubrirlo o entenderlo antes de poder compartirlo públicamente. Como consecuencia de esta decisión, inicia un período de soledad ya que no puede compartir sus pensamientos con los demás: no lo hubieran comprendido. Ni siquiera él lograba entender las contradicciones entre su mundo interno y el externo. Sólo cuando pudiera demostrar que los contenidos psíquicos eran reales y colectivos, entonces, en ese momento podría comunicar su nueva visión sobre la psique. El riesgo era grande, ya que si no lo comprendían quedaría totalmente aislado.

Entre los años de 1918-19 empezó a salir de la oscuridad en la que se hallaba, y esto lo atribuyó a dos factores: por un lado, se distanció se la voz femenina que quería convencerlo que sus fantasías eran de valor artístico y por otro, comenzó a comprender los mandalas. Todos los días dibujaba pequeñas figuras circulares a través de las cuales observaba sus transformaciones psíquicas. Las consideraba la totalidad del "Self". A medida que las dibujaba se planteaba la finalidad de esta actividad, pero sabía que no podía comprender el significado a priori, sino a través del proceso en sí. Se daba cuenta que el desarrollo de la psique no era un proceso lineal sino circular, que "todo tiende hacia el centro". Esta certeza le permitió encontrar paz interior y estabilidad. Era como si él mismo estuviera encontrando su propio centro.



En 1927 tuvo un sueño que confirmaba esta idea y lo representó a través de un mandala que tituló "Ventana hacia la Eternidad". En el sueño Jung se encontraba en una ciudad de forma circular, en un ambiente nublado y oscuro, en compañía de algunos suizos. A pesar de este ambiente opaco, en el centro de la ciudad había una plaza con una pequeña isla en el centro donde se hallaba un árbol de magnolias que tenía luz propia. Sólo Jung había notado esta presencia de luminosidad, y entonces comprendió que esa era la meta. Respecto a este sueño Jung afirma " El centro es la meta y todo se dirige hacia el centro. Gracias a este sueño comprendí que el "Self" es el principio y el arquetipo de la orientación y del significado... reconocerlo para mí quiso decir tener la intuición inicial de mi propio mito”.
Sin esta imagen hubiera perdido la orientación y abandonado el camino que había iniciado, después de tanta oscuridad dicha imagen debía concebirse como un "acto de gracia", como la manifestación de lo numinoso.

Al año siguiente dibujó otro mandala que tenía un castillo de oro en el centro, la forma y los colores le sugerían un estilo chino. De manera sincrónica R. Wilhelm le enviaba una carta con un manuscrito de un tratado de alquimia taoísta titulado "El misterio de la flor de oro". Esta coincidencia ayudó a Jung a salir de su soledad, ya que le daba la esperanza que existían personas con las cuales podía tener afinidad y compartir sus ideas.

Para Jung estos fueron los años más importantes de su vida: sin cortar los lazos con su realidad de hombre común y a pesar de la soledad, tomó el riesgo de sumergirse en su propia oscuridad tratando de encontrarle un significado y una finalidad a todo aquello que experimentaba. Asumió la responsabilidad de analizar y comprender el material que el inconsciente le proporcionaba y fue en la búsqueda de su propio mito.

4.2.07

Demeter: El Arquetipo de la Madre

Por Laura Morandini









En la cultura Griega y en su concepción mítica del mundo, el lugar de la Gran Madre corresponde a Gea, quien fue la primera creación cósmica tras el Caos inicial y madre de todas las cosas; posteriormente este lugar fue tomado por Rhea -a veces también llamada Cibeles- y finalmente por Demeter, quien representaba una divinidad mucho más personalizada, próxima, humana y menos abstracta -como del resto todos los Dioses de la tercera generación Divina.
La tierra ha sido considerada por todas las culturas fuente de fertilidad, comúnmente representada por una Diosa Madre a la cual se le rinde culto y veneración con la esperanza de obtener sus beneficios y dones.
Demeter, hermana y consorte de Zeus era la Diosa de la fertilidad y de la riqueza agraria. Ella se ocupaba del crecimiento del grano, del arte de la agricultura y las prácticas relacionadas con el arado. Fue Demeter quien inspiró a la humanidad por el dominio y la propiedad de la tierra, ya que del surgimiento de la agricultura se originó la costumbre de vivir en comunidades asentadas. Gracias a ella creció en el hombre el sentimiento de pertenencia y el mantenimiento de la ley y el orden; por todos estos motivos era considerada la diosa de la civilización.
Generalmente Demeter se representaba como una bella y corpulenta mujer vestida con ropajes ondeantes, coronada con espigas de trigo y sosteniendo una espiga de grano, una hoz, o con un arado y un cuerno de la abundancia.
Su imagen en la mitología aparece ligada a su hija Kore/Perséfone, representando ambas una unidad, siendo Persefone la semilla y Demeter la madre tierra. A ellas se le rendía tributo en los Misterios Eleusinos, rituales relacionados con los misterios de la vida, muerte y renacimiento representados por la tierra, la semilla, las estaciones y sus cambios. Era Persefone, - reina de la muerte y del renacimiento- quien se ocupaba de la semilla tras su estado de putrefacción para otorgarle nueva vida.

Demeter y Persefone

Los cuidados de Demeter estaban dirigidos principalmente hacia su hija Kore (Proserpina Romana) quien, en la Isla de Sicilia -su lugar favorito de descanso- paseaba sin rumbo durante el día por las praderas recogiendo flores. Un día como cualquier otro, Kore invitó a sus doncellas para pasar la mañana juntas en el campo. Estas, alegres, entre cantos y risas atrajeron la atención de Hades (Plutón), quien paseaba en su carroza tirada por cuatro corceles negros. Para averiguar de dónde procedían esos sonidos, el Dios bajó de su carroza y observó a través del espeso follaje: vio a Kore sentada rodeada de flores con sus compañeras agrupadas a su alrededor. Una sola mirada bastó para convencerlo que su felicidad dependía de la posesión de esta joven criatura.
Hacía ya mucho tiempo que Hades había intentado persuadir una tras otra a las Diosas a compartir su lúgubre trono, pero todas habían rechazado tal honor y se habían negado a acompañarlo a una tierra oscura donde no llegaba el brillo del Sol ni el canto de los pájaros. Herido y decepcionado por los continuos rechazos realizó una promesa solemne donde aseguraba que más nunca cortejaría a una Diosa, por lo que decidiría que, en lugar de invitar gentilmente a Kore a ser su consorte, la raptaría. Otras versiones del mito narran que tras la negativa de Demeter a perder la compañía de su hija; Hades junto con el consentimiento tácito de Zeus decidiría esperar el momento oportuno y entonces, raptarla.
El momento adecuado llegó en el instante que Kore se encontraba absorta recogiendo una flor de Narciso, cuando la tierra se abrió bajo sus pies y apareció Hades montado en su carro dorado. Las ninfas temblorosas, intentaron resguardar a Kore quien entre su sorpresa y agitación dejó caer las flores y permaneció inmóvil entre ellas. Hades aprovechando la incertidumbre de Kore la tomó en sus brazos, y entre ruegos y forcejeos la montó en su carro alejándose velozmente.
Kore giró sus ojos llorosos para dar un último vistazo de despedida a la tierra madre que abandonaba mientras en un pensamiento amoroso hacia Demeter imaginaba la angustia de la misma cuando la buscara en vano por todas partes sin hallarla. Gritó desesperada.
Mientras tanto, Demeter preocupada al escuchar el llamado de su hija, retornó de los campos de grano y tras la búsqueda infructuosa, vagó desconsolada mientras la aprensión la envolvía. Llego la noche y con antorchas en ambas manos deambuló por la tierra llamando el nombre de Kore. Tras preguntar a Helios quién había raptado a su hija, supo que el mismo Zeus había intercedido para que Hades la hiciera su consorte. Ante tal noticia, sus tareas diurnas fueron completamente desatendidas tanto que la lluvia dejó de refrescar la tierra, el grano fue secado por los ardientes rayos del Sol mientras Demeter continuaba llamando a Kore.
Durante la búsqueda, Demeter se sintió sedienta y a lo largo del camino encontró a una mujer de nombre Mime quien le proporcionó agua. La Diosa bebió de una forma tan rápida y desesperada que el hijo de Mime, Ascalabo, se burló de ella. Al darse cuenta, Demeter, quien no estaba de humor para bromas, lanzó el resto del agua al niño, convirtiéndolo en una lagartija. Por esto se dice que quien mata a este animal es amado por los Dioses.
Finalmente, cansada, en su desesperada búsqueda se sentó al borde del camino, cerca de la ciudad de Eleusis, dando rienda suelta a su inagotable tristeza.

Demeter y Demofonte



Perdido su semblante de Diosa y convertida en una anciana harapienta Demeter llamó la atención de las hijas del Rey Celeus. Estas, conmovidas por su tristeza le ofrecieron seguirlas hasta el palacio real y tras consultarlo con su madre -la reina Metanira- le entregaron a su cuidado a Demofonte, su hermano menor.
Al ver al niño, la Diosa sintió una gran alegría y pensó que, en secreto, podría otorgarle el don de la inmortalidad. Fue así que untó sus miembros con néctar, murmuró un hechizo y lo colocó sobre brasas ardientes todas las noches para que el fuego consumiera todos los elementos mortales de su cuerpo.
Metanira, entrando sin hacer ruido a la habitación y observando a su hijo arder sobre las brasas corrió y lo tomó desesperada entre sus brazos al mismo tiempo que Demeter retomaba su porte de Diosa. Demeter explicó contrariada la intención de su actuación, tras lo cual ordenó la construcción de un templo en su honor:
“Que las gentes de Eleusis me construyan un templo al pie del Acrópolis, sobre la fuente de las aguas claras, en la cima del cerro. Allí he de fundar yo mis misterios. Allí orareis venerándome y lo celebrareis con reverencia”
Una vez construido el templo, Demeter permaneció en soledad jurando no volver a sus labores de Diosa de la fertilidad hasta que su hija Kore le fuera devuelta

El regreso de Persefone




Mientras tanto Zeus, preocupado por la sequía que imperaba sobre la tierra envió a Hermes al Inframundo para convencer a Hades que devolviera a la doncella. El Dios Oscuro entonces permitió que su esposa se preparara para ir al encuentro con su madre, no sin antes ofrecerle unas semillas de granada que Kore comió. La reina de las sombras no podría retornar a la luz para siempre, ya que quien comía en el Tártaro, a él debía volver. Fue así que se decretó que por cada grano que hubiese comido, debía pasar un mes de cada año en el tenebroso reino de su marido. Fue entonces que la ahora llamada Perséfone debió permanecer seis meses con Hades y el tiempo restante en la soleada y fértil tierra junto a su madre.
Hermes fue el escogido para acompañar a Perséfone en su camino de salida y vuelta del Hades. Una vez reunidas madre e hija la tierra florecía y se llenaba de verde y abundancia, era la llegada de la Primavera. La diosa entonces, proporcionó a los hombres las técnicas relacionadas con el arado y el trabajo de la tierra y a los iniciados los rituales relacionados con el ciclo vida/muerte que contenían una clave para la compresión de la vida eterna: Los Misterios Eleusinos.

Aspectos Psicológicos

El arquetipo de la madre comprende la idea de la nutrición desde un nivel vital básico -alimento- hasta las necesidades de nutrición relacionadas con el espíritu, expresado en el mito en la revelación de los Misterios Eleusinos.
En la mujer, una fuerte presencia de este arquetipo representa la necesidad urgente de ser madre, estando la feminidad íntimamente relacionada con la idea de la maternidad. Procrear y cuidar de los hijos representa el rol y la misión más importante. Es la forma por la cual Demeter expresa su potencial creativo, tiende a vivir su vida a través de la vida de sus hijos, experimentando las alegrías y tristezas de los mismos como propias. Sin embargo esta capacidad de alimentar a otros y dar sustento puede canalizarla a través de vías que van más allá de la maternidad, tales como profesiones de ayuda y el cuidado de otras personas.
Demeter es la proveedora en sentido amplio, en ella está presente el rasgo de la abundancia, sea este alimento, apoyo emocional o espiritual. Siempre y cuando tenga cerca a quienes ama será generosa y cálida, dispuesta a dar sin necesidad de recibir. Se sentirá completa ayudando a otros y cuidando de las necesidades ajenas, las que siente como propias.
Su visión de la feminidad está restringida al rol de madre, pudiendo establecer relaciones de afinidad con otras “mujeres Demeter” con las cuales los temas principales girarán entorno a la educación de los hijos y el cuidado de los mismos. Su papel es el tradicional femenino, el de la madre protectora y proveedora. Ella considera el desarrollo profesional y la salida al mundo laboral como un descuido de sus actividades hogareñas siendo el feminismo para ella un tema ajeno y desconocido.
Como mujer, Demeter tiende a encontrar hombres tipo hijo-amante, a los que sobreprotege y trata como niños. Ella puede continuamente justificar los actos infantiles de su pareja, quien generalmente es un hombre sensible, soñador, dependiente e incomprendido socialmente, con dificultad para concretar los aspectos prácticos de la vida. Es un hombre que busca a una mujer maternal que sea una buena madre para él, y la encuentra en mujeres con un fuerte componente de Demeter.
Este arquetipo femenino también puede ser blanco fácil de hombres que se aprovechen de su amor incondicional: el hombre explotador, únicamente preocupado por sus necesidades, incapaz de intimidad emocional y exigente. Es un hombre/niño narcisista que encuentra el amor de una madre preocupada en complacerlo, sin pedir nada a cambio.
El hombre ideal para Demeter es aquel que tiene sus mismas necesidades: formar una familia, tener hijos y construir una vida hogareña. Este hombre le ayuda a canalizar sus deseos maternales a través de la crianza de los hijos, es un buen padre y al mismo tiempo cuida de ella. Es el hombre que se siente a gusto con la esposa/madre más que con la esposa/amante.
Las dificultades de Demeter aparecen una vez que su función materna ha cumplido su ciclo, los hijos han crecido y llega el momento que salgan de casa. Ella tenderá a volverse controladora y posesiva, tratando de evitar el momento de la separación. Como los hijos son la razón de su vida, la ausencia de los mismos le generará un vacío enorme que no podrá ser llenado por nadie. Demeter en esta circunstancia se entristece, pierde el sentido de vivir y su rabia cubierta por un velo de tristeza estará dirigida no sólo hacia ella misma sino hacia quienes intenten ayudarla. Se sentirá victima, sin interés por más nada, se quedará “detenida” : así como Demeter en el templo de Eleusis, negada a producir vida, seca por dentro y estéril de emoción. Bajo estas circunstancias puede aparecer el aspecto oscuro y sombrío de lo femenino materno: la necesidad de controlar y poseer sin considerar la individualidad y singularidad de los suyos, la sobreprotección sofocante que se torna destructiva. Son mujeres que han dedicado su vida a los hijos, a verlos crecer y muchas veces a vivir sus deseos frustrados a través de los mismos. Cuando los hijos intentan romper el cordón para salir de casa -lo que generalmente ocurre de forma violenta, ya que ella no permite una salida pacífica y sin traumas- quedará resentida, incomprendida, sintiendo que no se le ha reconocido el “sacrificio de una vida”. La depresión de Demeter encierra un aspecto agresivo/destructivo que no se expresa de forma franca y directa, recordemos que en el mito, por su dolor y pérdida, deja a la humanidad bajo la amenaza de una hambruna. Ella puede castigar con su rabia a quienes nada tienen que ver con su aflicción.
Pero Demeter puede también canalizar su tristeza de una forma creativa, si ya no tiene a los hijos cerca para cuidarlos porque ya son adultos y seres independientes, tiene la opción de buscar actividades donde pueda cuidar de otros que sí la necesiten, realizando así un servicio social con un sentido trascendente.
Su depresión por el síndrome del nido vacío puede ser superada si comprende que la expresión de la maternidad abarca ámbitos más amplios de los que ella pudo haber imaginado.


Los Misterios Eleusinos
Misterios Menores I




Discurso de un mistagogo en vísperas del Pequeño Festival Eleusino en Agra, a orillas del Ilisio, en las a fueras de Atenas. A fines de Febrero. Se dirige a los antiguos mistos y a los nuevos neófitos en Atenas.

Amigos viejos y nuevos, nos hemos reunido en este día para aclarar nuestras mentes y captar el significado de los ritos de mañana.
Aquellos de vosotros que fueron iniciados en años anteriores ya conocen este significado. Pero esta noche harán bien en recogerse y refrescar su memoria. Aquellos que vienen por primera vez han de tratar de reflexionar con su propia mente.
¿Qué es lo que queréis?
¿De qué modo se relacionan el propósito y las experiencias que os han traído hasta nuestro sagrado telete, con las ceremonias de la primavera?
Mientras, despreocupados, pertenecíais al círculo del eterno devenir, ¿la llegada de la deidad no significaba para vosotros abundantes cosechas, una fértil vaquilla en el establo, el resplandor del dios de la uva y también el anhelo ardiente cuya fuerza hinche los miembros como el viento las velas y que habéis conocido con vuestra esposa, amante, mujer o esclava?¿No significaba únicamente esto?
Podéis haberlas conocido; y, así, son buena cosa. Buena como bueno es el nebuloso capullo, bueno como el pez que desova y las aves que anidan. Sin embargo la tierra está llena de males, como lleno el mar. Habéis hallado la vida insuficiente. Habéis venido aquí.
¿No podríamos comparar vuestros sentimientos y vuestras intimaciones – aún siendo diferentes en cada uno de vosotros- aun soplo de primavera?
Estabais muertos, ya hora comienza a agitarse una nueva vida en vosotros.
El Dios estaba ausente en vosotros. Nosotros anunciamos su venida.
Estabais dormidos cual semilla sen invierno. Y un obscuro anhelo, nacido de un divino inconformismo, ha penetrado en vuestros sueños.

Al igual que Cora, habéis caído en la generación.
Al igual que Perséfona, la de dormidos ojos, habéis morado abajo, esclavos de vuestros rebaños, de vuestras casas, de vuestros hijos, de vuestros bienes.
Y al igual que Deméter, el Amor ha llorado por vosotros.
Ahora se aviva la luz en la oscuridad.
Como Hermes con su vara de oro, la sabiduría de los Dioses ha venido en vuestro auxilio para conduciros en vuestro ascenso.

¿Habéis dejado tras vosotros el pasado como estéril sueño?
¿O habéis siempre sabido, amado y esperado en las tinieblas?
¿Os ha traído el dolor, la pérdida, la saciedad, una mente que indaga o el deseo de expiar algún mal abrumador?¿Habéis venido en alas de la pasión que inflama el calor de vuestra juventud, o arrastrados por la desilusión de los años, el temor a la muerte o cualquiera de las hambres que roen las entrañas? ¿Os ha llamado suyo el bien, esperáis, como Ariadne, el verdadero amor? ¿O habéis, como Semele, conocido el relámpago de la divinidad, un ensayo de lo que es la muerte? Hay estos y otros motivos para retornar.
Habéis comenzado a morir, y nosotros os enseñamos a morir y a renacer.
Mañana, a orillas del Ilisio, absorbed la belleza del mundo, el detalle y el todo. Recordad. Tratad de aprender cómo tras los siete velos de la naturaleza, la mente, permanece estable, anciana, inmutable.
En la generación, reino de Cronos, el sitio es por siempre y únicamente sitio. Y el tiempo es por siempre y únicamente tiempo. Esto, y la individuación, es la causa del mal.
El Universo, el mundo sujeto al tiempo y al espacio, son la imagen imperfecta del Uno.

El dios, cuyo ropaje es el mundo sensible, yace libre del tiempo y de sus condiciones. A E l celebramos con nuestros himnos epópticos.
Cada Brizna de yerba, cada animal de piel, la rama que brota de todo árbol, brillan con fulgente luz de Dionisios a los ojos de quien puede ver.
Aquellos múltiples cambios que sufre al convertirse en vientos y aguas, en tierra y en estrellas, en el nacimiento de plantas y animales, se llaman Desapariciones y Renacimientos. Y el canto que entonan lleno está de sufrimiento y extravío. Pero también son cantos plenos de dicha en otro Nacimiento.
Quiero que ahora comprendáis que al acercaros al Metroon de Demeter, durante las fiestas de la primavera, nos abstenemos de lamentaciones. No lloramos nuestras pérdidas ni clamamos por nuestros males. Acercaos al santo lugar sin llevar consigo vuestros pesares ni vuestros deseos. Podréis así, nutriros de una Vida Mayor; podréis así percibir el camino que enseñamos.
Cuando haya terminado el festival en el último día de la Antesterión, nos reuniremos nuevamente aquí.
Comenzaré la iniciación en vuestros agrado telete.