23.1.07

Signo del mes: Acuario

Por Laura Morandini
Misión: Romper cadenas intelectuales, liberando a otros a través del conocimiento


Planeta regente: Urano.Urano era para los griegos “el cielo estrellado”, una fuerza primordial creativa que generó, gracias a Gea (Tierra) a los titanes, los cíclopes y los gigantes.
Pero es Prometeo el personaje mitológico que representa la energía arquetípica de Urano. El titán Prometeo, en un acto de trasgresión y sin importar las consecuencias, roba el fuego sagrado de los dioses –simbolizando el conocimiento- para entregarlo a los hombres. Así, le otorga luz y entendimiento para liberarlo de las ataduras impuestas por Saturno, por las formas establecidas.
Urano es el gran despertador de la conciencia, es él quien no coloca en situaciones donde debemos hacer uso de nuestra creatividad para resolver situaciones apremiantes. Con Urano todo cambia, es el planeta de las revoluciones internas -y externas-. Aquello que ya no pertenece a nuestra vida, Urano se lo lleva súbitamente, sean bienes, personas, situaciones, afectos. Pero también introduce en nuestra vida a quienes vibran con nuestro nuevo nivel de conciencia, aquellos que tienen algo más para aportarnos y para darnos nuevo entendimiento.
Urano trae rupturas, caos, desorden. Pero una vez realizado su trabajo, la conciencia se encontrará más despierta y participe dentro del colectivo, iniciando la búsqueda hacia la trascendencia.



Imágenes míticas: Todos los mitos que describen actos de rebeldía para alcanzar el conocimiento y liberar a otros de la oscuridad y la ignorancia están relacionados con la energía de Urano/Acuario: Prometeo robando el fuego de los Dioses, Adán y Eva comiendo el fruto prohibido del árbol del bien y del mal, Lilith negándose al sometimiento de Adán.


Dinámica: Acuario, último signo de aire, posee una visión impersonal de los vínculos y de la existencia, rechaza los compromisos y las ataduras, tendiendo a identificarse y relacionarse con el colectivo. Busca grupos de afinidad intelectual que trabajen por el bien común; por ejemplo: participará en iniciativas relacionadas con el cuidado de la Madre Tierra, salvará animales que se encuentran en peligro de extinción, luchará por los derechos de los desamparados. Es el excéntrico e incomprendido, siempre adelantado a su época sin poder encontrar resonancia y comprensión en quienes le rodean. Busca la igualdad, pero una vez que la siente llegar cambia de rumbo hacia nuevos horizontes. Por ello es considerado un rebelde sin causa. Pertenece a un colectivo y a la vez no pertenece a nadie. Su lucha es la lucha por la utopía, imaginando siempre una realidad mejor de la que posee. En la realización de su sueño puede olvidar su realidad concreta, mostrándose desapegado inclusive con aquellos a quienes ama profundamente. Es un signo paradójico, sus excesos pueden mostrarlo frío y cruel, también muy inteligente, pero debe recordar que la inteligencia sin corazón otorga conocimiento carente de sensibilidad.
Signo Opuesto: La solidaridad de Acuario y su identificación con el colectivo representa para Leo la destrucción del Ego. El León le recuerda la importancia de mantener vivo su talento personal y la calidez en el trato con sus semejantes.


Piedra: Lapislázuli. Piedra muy utilizada en el antiguo Egipto. De gran ayuda en el trabajo espiritual, ya que posee el poder de desbloquear energías condensadas alrededor de los chakras. De uso particular para despertar las energías del tercer ojo, desarrollar la intuición y la visión interna.



Planta: Helecho. Se dice que esta planta atrae la lluvia, juventud eterna, salud y riquezas. Si se lleva consigo, tiene el poder de guiar a su poseedor hasta un tesoro oculto. Tal vez el Yo verdadero.

16.1.07

El Templo de Neptuno como Retorno a la Fuente

Por Ariell Chris &; Laura Morandini


Neptuno es el templo planetario que permite al hombre establecer conexión con lo sagrado. Es un planeta transpersonal que conecta a los seres humanos bajo un mismo movimiento energético y con la memoria etérica, conocida dentro de las crónicas ocultistas como Akasha, donde presente, pasado y futuro se funden en un tiempo sin tiempo.
Neptuno tiene la finalidad de vincularnos con lo invisible a través del tercer ojo -Ajna Chakra- y despertar nuestra consciencia espiritual a través del Chakra Corona -Sahasrara Chakra- es decir, que en un nivel físico/energético está asociado a la glándula pineal y al trabajo de sincronización y equilibrio de los hemisferios cerebrales a través de la práctica de la meditación.
El hombre, al estar sujeto y aprisionado al plano material y a las leyes del mundo físico, entra en contacto con la vivencia de la separación y la Caída, la Pérdida del Paraíso. Esta sensación de separación de la Divinidad la experimenta bajo forma de memoria inconsciente. En su interior late una añoranza existencial, la necesidad o certeza íntima de haber pertenecido a “algo” superior, lo que lleva implícito el anhelo de reintegración.
Existen muchos caminos para volver a establecer el vínculo perdido. Innumerables senderos -genuinos o no- para reencontrar la Divinidad, para sentirse de nuevo en casa.
Neptuno, deidad griega regente de los mares, es quien da su nombre al planeta. El mar y los océanos se consideran la fuente de la vida y el final de la misma, representan la amplitud del mundo subconsciente y la fusión de lo singular dentro la psique colectiva.
Un personaje arquetípico que encarna de forma fiel los diversos aspectos del planeta Neptuno es Dionisos. Dios de la emoción y el éxtasis, mal comprendido, interpretado superficialmente, asociado al vino y a los excesos, Dionisos es el Arquetipo de la Iniciación y el discipulado; un personaje ambiguo, mimético, escurridizo, nebuloso, promiscuo, pero al mismo tiempo profundo, fiel, místico. Dios de contrastes y paradojas. Hijo de Zeus y Semele, nacido dos veces, enloquecido, desmembrado, dedicó su vida para revelar a los hombres el medio de conexión con lo sagrado: la Vid. Perteneció a muchas mujeres pero sólo amó a Ariadna. Una vez rescatada la sombra de su madre (anima) del mundo oscuro, encuentra su lugar en el Olimpo, así vuelve al Padre. Sólo entonces recobra su carácter Divino, después de ser errante, morir, resucitar, deambular, y atravesar experiencias de profundo sufrimiento.
Dionisos/Neptuno recuerda al hombre su naturaleza dual, la paradoja, el juego de la ambiguedad y los opuestos, el misterio de la búsqueda, la revelación interior (Gnosis) y el sufrimiento como medio para recobrar la conexión con la Divinidad. Neptuno es el gran disolvente del Ego, que al encontrarse desprovisto de puntos de referencia, y expuesto a la angustia existencial se abandona y pide ayuda a una fuerza superior. A través del dolor entra en contacto con la vivencia de la Fe.
En el hombre, la melancolía producto de la separación del Padre puede ser aplacada de muchas formas. En un nivel básico, gregario y negativo, es la evasión utilizando medios artificiales como mecanismo para huir de las cargas y el peso de la realidad. Aquí encontramos el abuso de sustancias y las dependencias de alcohol y drogas para recobrar un estado paradisíaco de plenitud, pero ficticio. El alcohol y las bebidas espirituosas aplacan momentáneamente las angustias existenciales. Sin embargo a diferencia del uso de las drogas como medios de evasión, es bien conocido el uso ritual de las plantas maestras en las diversas culturas antiguas como una forma de acceso al dios interno. Se les conoce como enteógenos a estas plantas de poder (en theos Dios interior) .
En los misterios de Eleusis el Kykeon -brebaje compuesto por una mezcla de agua, harina de cebada y menta molida  - era utilizado para conectar a los iniciados con el “otro mundo” para poder acceder a los misterios de la muerte y renacimiento. La fermentación de la cebada producía un hongo similar al LSD que generaba potentes efectos alucinógenos y era una puerta de entrada a la “otra realidad”. En las culturas Indoiraníes , el Soma, era una deidad y a la vez una planta maestra a partir de la que se producía una bebida sagrada que se dice producía la iluminación espiritual. En México, Castaneda experimenta con el peyote y rasga el velo de la realidad ordinaria en las Enseñanzas de Don Juan.
Otra manera de vivir la energía sutil de Neptuno de forma positiva en nuestro mundo material y denso es a través de una profesión de ayuda. Todas las actividades destinadas a calmar el dolor y el sufrimiento -físico y psíquico- de nuestros semejantes pueden ayudar a conectar con la noción de Unidad. Al curar a otro estamos sanando un colectivo.
Con Neptuno la vivencia emocional es diluida, universal: sentir lo que otros sienten, conectar con los mundos invisibles y despertar de la sensibilidad y el psiquismo. Un Neptuniano se comporta como una antena psíquica que rastrea las emociones de personas y ambientes, pudiendo establecer conexiones profundas sin mediar palabra. Sin embargo también absorbe las energías densas ajenas (depresiones, violencia, irritabilidad), e incorpora estos estados emocionales asumiéndolos como propios.
Se esperaría entonces que una persona con tal sensibilidad tenga cierto conocimiento sobre las leyes espirituales para utilizar de forma adecuada esta capacidad y sobretodo para saber que aquello que está experimentando no es patológico. Sin embargo, vivir bombardeado por las emociones ajenas puede llevar al psiquismo a perder su equilibrio.
La psicosis también pertenece a la esfera de Neptuno. Una marcada evasión y negación de las circunstancias vitales pueden llevar a crear un mundo interior tan separado de la realidad que se termina por vivir enajenado, sumergido en las aguas del inconsciente colectivo. Podemos decir en lenguaje analítico que se quiebra el eje ego/self . Otra causa de enfermedad mental puede ser producto de una mediumnidad mal canalizada que termina por “enloquecer” a la persona. La hipersensibilidad se encauza por caminos anómalos.
A nivel de relaciones, Neptuno manifiesta la energía del amor en su forma más pura o sutil. Es el amor incondicional, platónico, sufrido y romántico. Tiene poco de terrestre, por lo que la decepción le acompaña necesariamente. Por Neptuno surgen las historias de pasiones no correspondidas, relaciones imposibles, distantes, idealizadas y las víctimas de amor por infidelidad. En consecuencia los engaños son generalmente autoengaños producto de espejismos y una visión confusa de la realidad.
Otra forma más sutil de conexión la encontramos en el trabajo del artista. Con Neptuno el artista se convierte en una herramienta de la Divinidad que plasma en el mundo material las formas eternas a través de la música, la poesía, la fotografía, el cine, la pintura. Neptuno es imagen, pre verbal, hemisferio derecho. El arte neptuniano trasciende las formas estéticas inyectándoles emoción y sensibilidad. Esta es la diferencia entre una obra armónica que seduce a los sentidos y una obra que conmueve al espíritu. Al mismo tiempo el artista, consciente de su conexión sagrada, se siente pequeño y agradecido por el don que le ha sido concedido.
Un nivel superior y elevado de Neptuno encontramos al místico. Aquel personaje que ha trascendido e integrado las formas sociales y culturales de la espiritualidad -religiones- y logra establecer conexión directa con lo Divino. Es el trabajo interior de silencio, soledad y humildad que permite crear el espacio sagrado. Es el Sendero del Discipulado, la entrega a una causa superior abandonando la identificación con lo personal e individual.
En el templo de Neptuno encontramos entonces las siguientes pruebas iniciáticas:
* El sufrimiento como una manera de desestabilizar y ablandar el Ego para tener conciencia que no todo depende de la voluntad personal.
* La hipersensibilidad manifestada a través de los poderes psíquicos, la creatividad y la conexión con los mundos sutiles.
* La adicción a sustancias, relaciones y situaciones como medios de evasión del sufrimiento y de una realidad que no podemos aceptar.
* Los espejismos, los engaños, la proyección de nuestras imágenes internas, creando una percepción falsa de la realidad.
* Las pruebas de amor que trascienden tiempo y espacio.
* El sacrificio, la traición y encontrarse en posición de víctima tal vez como pruebas compensatorias a un Ego demasiado cristalizado.
Los tránsitos tensos de Neptuno sobre planetas personales indican períodos en la vida en los que la persona se siente desconectada, con la sensación de “haber perdido el rumbo”. Hay confusión, ambigüedad, incoherencia entre lo que se piensa y lo que se hace. Predominan el sufrimiento y la melancolía que llevan a la búsqueda de un Sendero espiritual. Si no se encuentra el camino se permanece en un limbo, en un estado de desconexión esencial.
Los tránsitos armónicos de o sobre Neptuno marcan períodos en la vida de felicidad y realización interior, invisible a los ojos de los demás ya que sus efectos no se manifiestan directamente en la realidad externa.