5.7.07

Astrología: una breve reseña histórica



Unos 4000 años antes de Cristo, en Mesopotamia, vivió el pueblo de los sumerios, quienes fueron los primeros en tener una idea o noción de la astrología. Los sumerios pensaban que la vida de los hombres dependía de los dioses o planetas que estaban en el cielo. También creían que la Tierra estaba rodeada de agua y que arriba se hallaba una gran bóveda celeste –que contenía a todas las estrellas– dentro de la cual el Sol, los planetas y la Luna se movían siguiendo un recorrido fijo. Sus sacerdotes eran sabios que llevaban el registro de todo lo que ocurría en el cielo, a través de la observación atenta de los ciclos y los movimientos de los planetas. Ellos eran quienes servían de canal para unir al hombre común en la Tierra con los dioses celestes.

Gracias a sus observaciones, los sacerdotes notaron que el Sol y la Luna recorrían siempre un mismo camino a través del cielo, teniendo como fondo grupos de estrellas o constelaciones. Dividieron este camino –llamado eclíptica– en 36 partes iguales, luego en 18 y finalmente en 12, siendo las constelaciones que la conformaban: Aries, Pleiades, Géminis, Praesepe, Leo, Spica, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Fueron los griegos, herederos del saber sumerio, quienes posteriormente cambiaron Pleiades por Tauro, Praesepe por Cáncer y Spica por Virgo. Al conjunto de las doce constelaciones que conforman la eclíptica lo llamaron Zodíaco, que significa “círculo de animales”.

Aunque los antiguos griegos heredaron las creencias de los sumerios sobre el universo, integraron a esta visión los grandes conocimientos ocultos de los egipcios. El filósofo griego Pitágoras decía que el universo era energía y que ésta bajaba del cielo hacia la Tierra influyendo en los actos de los hombres. Sus discípulos pensaban que el hombre era un universo en miniatura, de modo que sus órganos se correspondían con los planetas: así como en el universo hay un Sol, en el hombre hay un corazón. Es decir, así como el Sol es el centro de la vida y del calor de la creación, el corazón es el centro de las pasiones humanas. Pero Pitágoras llevó esta idea un poco más allá, afirmando que del mismo modo que el hombre era un ser vivo, la Tierra, los planetas y las estrellas eran seres vivos y sus cuerpos eran formas que contenían un alma o espíritu.
Por otra parte, pensaba que los planetas al moverse vibraban y producían música. A esta música la llamaba “música de las esferas”. Así, el hombre palpitaba al ritmo de las estrellas y era una unidad con el universo; la vida humana estaba a unida a los astros. Bajo esta visión, la astrología fue considerada un conocimiento sagrado que no concebía a los planetas como simples pedazos de roca o gigantescas masas de gases flotando en el espacio, sino como formas vivas en interacción directa con la existencia de los hombres.

Los pueblos de África septentrional fueron quienes guardaron el legado de los egipcios y los griegos, dedicándose al estudio y profundización de la alquimia, la magia y la astrología. Fue gracias a los árabes que se mantuvo la tradición astrológica, pues ellos llevaron este conocimiento hacia Europa, más precisamente hacia lo que hoy conocemos como el sur de España. Fueron ellos quienes resguardaron textos antiguos u olvidados y contribuyeron al conocimiento del cielo, denominando muchas estrellas que hasta el momento no tenían nombre.
Se dedicaron además al estudio de una astrología práctica que contenía gran cantidad de “consejos” relativos a la vida cotidiana: una suerte de guía celeste que sugería cómo determinar los momentos propicios o desfavorables para realizar determinadas actividades.

Llegada la Edad Media, la astrología se estudiaba en las universidades, en las cortes los reyes no tomaban decisiones sin consultar al astrólogo. Durante este tiempo se realizaron gran cantidad de observaciones para conocer las relaciones entre las posiciones de los planetas en el cielo y los acontecimientos en la Tierra.
Más tarde, entre los siglos XVI y XVII, la astrología siguió gozando de mucha importancia al igual que la alquimia. Catalina de Médicis, reina de Francia, protegió al célebre astrólogo y visionario Michel de Nostradamus; y el cardenal Richelieu, ministro del rey francés Luis XIII, tuvo en muy buena estima a su astrólogo: Morin de Villefranche. También célebres papas, como León X, recurrieron a los conocimientos de los astrólogos para guiar sus decisiones. Pero alrededor del siglo XVIII, con los avances de la ciencia y los descubrimientos astronómicos, la astrología fue dejada a un lado y considerada superstición, pues sus afirmaciones no eran demostrables a través del método científico.

Sin embargo, Johannes Kepler e Isaac Newton, quienes pasaron a la historia como famosos astrónomos, fueron grandes estudiosos de la astrología. Kepler, a quien se le llamó el “astrónomo místico”, incluso llegó a afirmar: “Veinte años de estudios prácticos han convencido a mi espíritu rebelde sobre la realidad de la astrología”.

1 comentario:

Angelika dijo...

Muy bueno... Estoy empezando a calentar los motores con todo lo referente a la astrología. Gracias por esta y otras informaciones sobre el tema. Muy util...