12.4.07

Astrología, Conciencia y Libre Albedrío

Laura Morandini





La carta astral es una foto del cielo para el momento en que el alma queda atada al cuerpo físico, levantada a partir de la fecha, hora y lugar de nacimiento. Este mandala cósmico personal queda sellado en nuestro inconsciente personal y en el Inconsciente Colectivo, determinando parte de nuestra vida.

El alma encarna en un momento celeste acorde a su nivel vibratorio, de acuerdo a su Necesidad (Ananké) en que los contextos histórico, cultural, social y personal/familiar son los adecuados para impulsar su plan evolutivo, para así recordarle el motivo de su encarnación. Esto nada tiene que ver con lo deseable desde la conciencia del Ego (bueno/malo, placer/dolor). Se encontrará justo donde su Espíritu necesite realizarse.

Con esta visión, confrontamos al concepto de Determinismo vs el de Sincronicidad. No se eliminan las pruebas y el karma, pero se comprenden desde una necesidad interna y no desde un inexorable castigo externo.

Personalmente, considero que la astrología desprovista del concepto reencarnacionista es limitada, puramente descriptiva y vacía de alma. Se convierte en una técnica predictiva que otorga respuesta a asuntos mundanos, la mayoría de las veces triviales. Evidentemente este es también un aspecto de la astrología que no podemos negar, y es necesario contemplarlo para la toma de decisiones en situaciones concretas. Pero esto no ES astrología.

Con la carta astral podemos explorar no sólo la estructura de personalidad de un individuo (astrología psicológica), sino también su pasado karmico -dones y defectos karmicos- así como su potencial a trabajar y desarrollar en la presente encarnación. Hasta aquí contemplamos el carácter dinámico de la astrología “entre vidas”, siendo este territorio exclusivo de la astrología karmica. Pero, ¿cómo exploramos el dinamismo de una carta en esta vida?.
Aquí nos adentramos en el mundo de los tránsitos astrológicos.

Cuando una persona se inicia en el estudio de la astrología, su aproximación al concepto de la dinámica de los planetas, a pesar de ser tan obvia, se convierte en todo un descubrimiento. Se dan cuenta que, los cuerpos celestes que han sido “estatizados” con la carta astral, siguen su recorrido. Unos más rápido y otros más lento, dependiendo del tamaño de su órbita, cumpliendo un ciclo que, en correspondencia con el microcósmos está asociado a ciertos períodos vitales y evolutivos del individuo.

Los planetas sociales Júpiter y Saturno son el mejor ejemplo para este análisis, ya que en una vida promedio podremos vivenciar la influencia de ambos.

Júpiter tarda 12 años en cumplir su ciclo completo, es decir que a los 12, 24, 36 y 48 años aproximadamente sentiremos un “cierre y apertura energética” en relación a su vibración. Siendo -entre otros significados- el planeta de la vocación y la inserción social, nos guiará en nuestras elecciones profesionales, estando determinadas muchas veces por la deseabilidad social, la aceptación o el reconocimiento. ¿Cuántos jóvenes no escogen sus destinos profesionales para complacer, para impresionar, por las promesas de reconocimiento social o de recompensa económica? Muchos también escogerán no por reconocimiento sino por amor al conocimiento, por necesidad de saber, ampliar sus horizontes. Ambos son rostros de Júpiter.

Saturno tiene un ciclo de 28-30 años. Aproximadamente cada siete años se activa su energía. Saturno, físicamente rige el sistema óseo, la estructura que sustenta nuestro cuerpo. Evolutivamente rige las etapas de la vida : a los siete años, la infancia, entramos a la educación formal escolar. A los catorce estamos en plena adolescencia, buscando aceptación del grupo de pares. A los veintiún años se esperaría que estuviésemos más o menos claros de nuestras responsabilidades a nivel social. Cerca de los 28/30 años experimentamos el “retorno de Saturno”. Momento de mirar atrás, dejar y abandonar una realidad para adentrarnos en otra.

Sin conciencia, el retorno de Saturno puede vivirse como ese destino inexorable que se nos impone... o bien como un momento de limpieza, donde dejamos ir aquello que ya no es necesario para nuestro crecimiento. Karmicamente se entienden los primeros 30 años de vida como de “recapitulación”: conocemos a personas y frecuentamos ambientes que pertenecen a nuestro pasado karmico. Después del retorno, aquellas circunstancias que entorpecen nuestra evolución deberán irse para abrirnos, ahora sí, al plan que nos espera. Por supuesto que las vivencias –armónicas o no- dependerán de la posición del Saturno natal por signo, casa y aspectos con otros planetas.

Júpiter y Saturno, Dharma y Karma. De nosotros dependerá aprovechar los dones y enfrentar las pruebas. A través de las vivencias tenemos la libertad y oportunidad de despertar conciencia, pero tambien de permancer en la oscuridad... las pruebas entonces se repetiran como un castigo ineludible en el cual no encontraremos sentido.

Conciencia es a Libre Albedrío como Ignorancia es a Destino.

2 comentarios:

Anubis dijo...

Querida Laura :

Muchisimas gracias por escribir algo tan maravillosamente aclaratorio !!! . Para mi puso puntos sobre alguna de mi ies que las necesitaban . Precisamente en estos dias reflexionaba sobre los laberintos en lo que uno se mete al interpretar cartas astrales ... y de lo que sirve o no a los demas ... Gracias por recordarnos el sentido espiritual de todo esto , y por darnos animo a buscar astrologicamente en nosotros mismos ...

Bendiciones
Anubis

pablo aguirre dijo...

extraordinario el articulo, lo he disfrutado.

gracias !!!!!!!!!!!!!pablo